Si la bestialidad con que ETA actuó ayer no es motivo suficiente para que el Gobierno de por rotas todas las vías de diálogo con la banda, y sólo es causa de una "suspensión", el hecho de que esta noche cambiemos de año, tampoco tiene porqué ser sinónimo de que se acaba el año, si no de que, más bien, el 2006 queda suspendido.Ironías a parte, que no está el horno para muchos bollos, este fin de año es bastante triste, a la par que indignante. Bastaría para calificarlo así con la voladura del parking de la T4 y con el más que probable fallecimiento de dos personas, inmigrantes además. Ya sé que la muerte de una persona es igual que la de cualquier otra, pero qué quieres que te diga, me dolió más la muerte de Dos personas que apenas pueden malvivir allí que vienen a malmorir aquí a manos de una banda de desgraciados y asesinos, que el ahorcamiento del sátrapa iraquí, que vivió rodeado de grifería de oro, mientras gaseaba, mataba y torturaba a su pueblo.
Dejando al margen la inevitable referencia a Sadam Hussein, y retomando la tristeza e indignación, éstas van en aumento al comprobar que Zapatero no tiene bastante con un atentado con víctimas mortales para frenar en seco las negociaciones y el diálogo con ETA. Siempre pensé que el límite estaría ahí, pero no. Su obsesión personal, esos gestos de profeta iluminado que hacía ayer en el discurso de la infamia, esos juegos de palabras, su tibieza y ese "suspender hasta que haya evidencias de la voluntad de ETA", sinceramente, me asustaron.
No sé dónde termina la política de ZP y dónde empiezan sus trastornos y ambiciones personales que nos llevan, a que ETA le pegue una zarpazo a Zapatero en nuestras caras. Ese el problema, que si le dan su ansiado Nobel, será para él, pero la vergüenza, el dolor y la genuflexión ante los asesinos, no sólo son cosa suya, sino que hace partícipes obligados a todos los ciudadanos.
-----------
PD: A pesar de que estoy un poco perjudicado de la garganta, me he liado la bufanda y me he acercado a la concentración en el Ayuntamiento en repulsa por el atentado de ayer. Cierto es que no estaríamos más de 100 personas, pero el silencio era escrupuloso, los aplausos han sido especialmente largos, y la tristeza y el enfado contrastaban con toda la parafernalia navideña que adorna la Glorieta de España. Creo que ha sido un descanso del ajetreo de las compras de estos días, un momento de solidaridad, recogimiento y compromiso, que verdaderamente simboliza lo que debe ser una Navidad.






















