El Mentidero lanza su referéndum

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Estas son las preguntas de la consulta a la ciudadanía murciana propuestas por mis santos coj..., digo, por El Mentidero:

1. ¿Está usted de acuerdo en apoyar un final dialogado del conflicto que asola nuestra comunidad de vecinos, sin llegar a empujarnos por la escalera, ni tirar a la vecina del primero de los pelos, si previamente, el vecino del cuarto manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a sacar la basura a las cuatro de la tarde a la puerta y revolvernos el estómago toda la santa tarde, de una vez y para siempre, jurándolo por la cobertura de su móvil?

Ale, pues bueno /Sí
Y un pijo / No


2. ¿Está de acuerdo en que todos los vecinos, sin exclusiones por razón de tener o no plaza de garaje, vivir en régimen de alquiler, dar al patinillo o poner a secar las bragas tamaño paracaídas en la terraza, inicien un proceso de negociación para alcanzar un Acuerdo Democrático Vecinal, sobre el ejercicio del derecho a decidir que, como escalera autónoma libre asociada a la finca 45-bis tenemos, y que dicho acuerdo sea sometido a referendum antes de que mi abuela se ponga peor de la artrosis y ya no pueda hacer macramé?

Ale, pues bueno /Sí
Y un pijo / No

Enmendando a Rajoy

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Al final, nos guste o no, son los de siempre los que ponen el punto de cordura en este desquicie, cuesta abajo y sin frenos, que está viviendo el Partido Popular estos meses (¡y lo que te rondaré, morena!) gracias al inestimable papel del Barbas que está consiguiendo dilapidar en unos meses lo que tantos años y esfuerzo costó conseguir. Álvarez Cascos, que nunca ha sido santo de mi devoción, pero al que hay que reconocerle el mérito de mantener unido y en orden al PP tras sacarlo de la escombrera de AP, ha presentado una enmienda clave, relativa a la ideología que debe guiar al Partido Popular, en la que se hace referencia a la tradición humanista, liberal y democristiana de la derecha europea, donde ha de enmarcarse el PP. El centro es una entelequia, no una ideología.

Además, ha propuesto eliminar el Consejo Autonómico, nuevo órgano de decisión de los populares, que daría vía libre a los barones regionales, el principal y único apoyo de Rajoy, del que ahora es cautivo. Los líderes solaparían así las competencias y el poder de decisión de los órganos naturales del PP, como son su Comité Ejecutivo y la Junta Directiva, donde el poder de las taifas se ve algo diluído entre diputados, senadores, alcaldes y cargos orgánicos. Es el peaje que tiene que pagar Rajoy por alargar su muerte política un año más.

Por otro lado, Vidal Quadras ha liderado una enmienda de varios firmantes, en la que se propone una reforma constitucional para redefinir el Estado de las Autonomías, y volver a hacer del Estado el garante de la igualdad de los ciudadanos en materia de derechos y libertades. La enmienda incluye una mención explícita al cambio en las reglas del juego y a la configuración misma del Estado, que supone la aprobación del nuevo Estatuto de Cataluña. No sé hasta qué punto triunfará esta enmienda, sobre todo teniendo en cuenta que se han eliminado las referencias al Pacto del Tinell, al Pacto de Estella o a cualquier cosa que suponga criticar el desprecio hacia los valores que representa, o debería representar, el Partido Popular.

También llama la atención una enmienda de un chico de Nuevas Generaciones que plantea que el sueldo de Arriola, el marido de la arrabalera de Málaga, se ajuste a las tablas salariales aprobadas por el PP. A pesar de que no es una enmienda trascendental, la saco a colación por lo simbólico del asunto.

Y, entre tanto, sigue la sangría de desafectos al marianismo. El último, Elorriaga, quien, quizás por despecho, ha escrito un interesante artículo en El Mundo cargado de razón. Y aún queda un mes para la paella valenciana, así que, el espectáculo está garantizado. Sólo falta ya una candidatura alternativa para terminar de alegrar el cotarro.

Fraga, ese hombre

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Los del PP, directamente, nos toman por idiotas. Con la que está cayendo en las filas populares, no se les ocurre otra cosa que tomar a Fraga como referente de la renovación centrista, o centro-izquierdista u ovovegetariana, que puestos ya, qué más da. Incluso su pupilo, Ruiz Gallardón, habla de él como el padre del centrismo en la Transición. ¡Ja! ¿Pero esta gente se ha vuelto loca? Ahora resulta que Alianza Popular, la escombrera post-franquista, dio cabida a históricos centristas como Arias Navarro, que anunció a los españoles con gran pesar el fallecimiento de un "hombre de excepción" o el propio Fraga, entusiasta afecto a ese régimen tan "excepcional".

Puedo estar de acuerdo con que Fraga, al menos en público, ya no defiende esas posiciones, pero tampoco creo que es porque se haya vuelto centrista, sino simplemente por defender a Gallardón y porque está ya un poco senil. ¿Y qué pasa con la gente senil? Pues que si les das coba, se crecen y empiezan a decir todas las estupideces que se les vienen a la boca, creyendo además, que están sentando cátedra. Algo así debió pensar Fraga que estaba haciendo con las deposiciones de esta semana en la SER, aunque probablemente el hombre no sabía ni en qué radio estaba. ¿Quién se ha creído el diplodocus gallego que es, para insultar y menospreciar a San Gil y acusar de generar problemas al partido a Esperanza Aguirre? Él, cuya última aportación fue perder Galicia, tras empeñarse en presentarse como el abuelo juvenil del geriátrico.

Una de las cosas más patéticas que espetó en la SER fue la acusación a Aguirre de haber organizado los abucheos a Gallardón en Madrid en el acto de DENAES del pasado fin de semana. Al ex-ministro de Información y Turismo, al grito de la calle es mía no le cabía hace años en la cabeza que la gente pueda manifestarse si no es como consecuencia de una conspiración judeomasónica de la Europa del Este. Cámbiese Europa del Este por la Puerta del Sol, y tendremos el actual pensamiento del senador, a la par que joven promesa, del Partido Popular.

Por el bien de todos, empezando por el suyo propio, pare de decir chorradas, Don Manuel. Aunque ya bastante poco podrá hacer para no ser recordado como un abuelo cebolleta con muy poca cultura democrática, de ademanes dictatoriales y de principios fácilmente amoldables a la época que le toque vivir. Y usted, ha vivido bastantes.

Quiero decir...

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Tengo esta semana poco tiempo para escribir, mañana me intentaré extender más con algunos personajes, pero no quiero que deje pasar el día sin decir un NO alto y claro a las estupideces de Gallardón de que hay que conquistar el espectro de centro-izquierda. Quiero gritarles un NO a todos aquellos que, con el barbas a la cabeza han acabado con la persona que mejor encarnaba la esencia y el sustrato del PP, María San Gil.

Quiero expresar mi más profundo asco ante aquellos que la tachan de enferma y loca. Vosotros si que estáis enfermos de poder, de ambición y de una falta total de escrúpulos y sentimientos ante una persona que vió cómo mataban delante de ella a
Gregorio Ordóñez. Con ello, habéis provocado que uno de los héroes de esta democracia en la que no creéis, Ortega Lara, se vaya también del Partido Popular ¿Qué pasa? ¿También os avergonzáis de ellos, de los vivos y de los muertos, impresentables?

Quiero decir bien claro que me provoca un profundo rechazo escuchar del decrépito Fraga, palabras de ataque hacia San Gil y de desprecio hacia Aguirre. Este hombre empezó su muerte política cuando falleció Franco y es un cadáver que, ideológicamente, lleva descomponiéndose desde entonces.

Quiero decir que dais asco.

Laicidad frente a ambigüedad

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Al hilo de lo escrito por Imperator sobre el laicismo y la aconfesionalidad, he decidido abordar también el tema, aunque desde una perspectiva diferente. La aconfesionalidad, que no laicismo, que recoge la Constitución, significa que el Estado no hace suya ninguna religión, mientras que el concepto de laico conlleva un matiz de independencia. Es decir, el Estado no sólo no se proclama católico, islámico o adventista del séptimo día, si no que además promueve y promulga la no interferencia entre los estamentos religiosos y los administrativos y políticos del Estado.

Creo sinceramente que el laicismo, o la lacidad, que hay quien la entiende como un laicismo menos beligerante, es un término mucho más preciso que el de aconfesionalidad y que delimita perfectamente las parcelas de ambos ámbitos. En primer lugar, un Estado laico se desentiende del sostenimiento económico de las organizaciones, lo cual es positivo para instituciones como la Iglesia, que podrían ser totalmente libres sin temor a represalias del gobierno de turno. Véanse las trágalas heroicas de la FERE y de la Editorial SM respecto de la bochornosa Educación para la Ciudadanía. O cómo la Iglesia fue silenciada en plena guerra contra la LOE con la firma de un suculento acuerdo de financiación. Por otro lado, una Iglesia más libre, y la necesidad de la autofinanciación harían que los fieles se implicaran más en el día a día de sus comunidades religiosas. Al margen de estas consideraciones quedarían las actividades sociales que la Iglesia, o cualquier otro colectivo, desempeñase, ya que podrían seguir financiándose proyectos concretos que la Iglesia desarrolla y que tienen un marcado carácter social.

Con la laicidad evitaríamos, además, que confesiones que chocan con nuestro estilo de vida, como es el Islam, pidan un tratamiento similar al catolicismo. Yo no me tengo que convencer de que el Islam poco tiene que ver con la Iglesia, y que el choque cultural y de valores con el Islam sería terrible, pero tampoco se puede negar que es comprensible que se agarren a esa aconfesionalidad para pedir un trato equivalente al que se le suministra a la Iglesia Católica. Con un modelo laico, las reglas del juego son iguales para todos. También para el Estado, que no podría llevar a cabo absurdas y peligrosas promociones de religiones como el Islam, del que este gobierno parece estar enamorado, y tampoco persecuciones a todo lo que huela a católico, incluidas las tradiciones y valores sociales más elementales.

Que España fuese laica supondría un coto para todos los ataques que sufre el sustrato cristiano, inherente a nuestra cultura y al Occidente al que afortunadamente pertenecemos, la libertad de educación , de pensamiento y de expresión que hoy se ve perseguida y atacada y, en definitiva, el individuo en sí mismo. Si gozáramos de un Estado con esas características, la cruzada anticatólica que ha emprendido el socialismo no tendría sentido alguno, porque no estaría amparado en ningún caso.

Pero en este país, no entendemos ni de laicismo ni de laicidad, ni los unos, ni los otros ni los de más allá. Tenemos un buen ejemplo en Estados Unidos, un país laico, que el pasado mes de abril visitaba el Papa Ratzinger, y que lo trató con gran respeto y admiración. Una muestra de ello era que el Papa iba siempre flanqueado por figuras tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata, y todos se felicitaban por esta visita. Es algo simbólico, sí, pero cuando vino a Valencia unos y otros se enzarzaron con temas tan importantes como la cruz que se instaló en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. En fin, es el eterno problema de España, que la democracia nos llegó con retraso, y muchos aún no la han asimilado.

La borracha, el de amarillo y la de la tienda

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A principios de semana, volvía una noche a mi casa cuando oigo tras de mí, en una céntrica calle de Murcia un golpe y, enseguida, todos los que había en la puerta de un bar cercano se giran y miran hacia la dirección en la que voy yo andando. Me vuelvo, y veo a una mujer de mediana edad, tirada en el suelo. Un señor de unos treinta y tantos, con una camiseta amarilla chillona, se levantó de la terraza y me acompañó. En Murcia, todo lo que es gratis y además morboso, hace que aparezca gente hasta de debajo de las piedras, así que en poco más de 30 segundos ya estábamos por allí seis o siete personas. Tras comprobar los efluvios etílicos de la señora, comprendí que no era más que una cogorza, así que, contemplando ya la escena con más interés sociológico que humano, solté un "bueno, entonces, ¿llamó al 112 o qué?". El de la camiseta amarilla, que parecía conocer de vista a la borracha, asintió.

112, servicio de emergencia, ¿en qué puedo atenderle? ¿Conoce usted a la señora? ¿Está en su casa o en la calle? ¿Alguien de los presentes conoce algo sobre ella? Aquí hice partícipe a la audiencia de lo que me preguntaba la señorita. La dueña de un conocido comercio que también estaba allí me dijo "dile que le da al tema (incluye gesto de ingesta de alcohol)" El de amarillo apostilló "si ésta ya es conocida". Le traslade lo dicho a la del 112. ¿Pueden incorporarla? Bueno, está ya sentada. Sinceramente, con las arcadas que le estaban dando, me negaba a ponerla de pie por las posibles consecuencias que hubiese podido tener aquello.

Mientras que llegaba la ambulancia, la intoxicada etílica insistía en que la acompañáramos a la esquina, que se iba a su casa. Una de las mujeres le insistía "pero mujer, si vives en este portal, ¿dónde vas?". "Pues a mi casa". Esa misma mujer me contó que la accidentada empezaba con los cubatas a las 5 de la tarde (y habían pasado ya más de cinco horas desde entonces), que vívia con su madre de más de 90 años, que un hermano que vivía en Madrid se había desentendido del tema, y que en la casa, literalmente, "no cabe más mierda. Hasta han tenido que venir los de asuntos sociales alguna vez para hacer limpieza". "Sí, sí, y una amiga que tenía, que tenía mucha mala hostia, se murió de un cáncer de hígado, porque también le daba", dijo el de amarillo, que siemrpe aportaba la puntilla a los comentarios. "No estaba bebiendo, estaba tomándome una tarta", le contestó. "Sí, tarta la que llevas encima".

Cuando los sanitarios ya habían confirmado que no le pasaba nada, y tras haber recibido los agradecimientos de la gente por mi encomiable comportamiento cívico y control de una situación extrema, me marché a mi casa. Entonces, intenté separar lo castizo y cómico, desde un punto de vista de ese humor negro tan nuestro, de lo patética y lamentable que era la vida de aquella mujer de una céntrica calle murciana. Debe ser a eso a lo que llaman el cuarto mundo.

San Gil es el PP

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María San Gil es, sin duda, uno de los principales referentes del Partido Popular en muchos sentidos pero, moralmente, creo que es la referencia de la derecha española por excelencia. Una mujer luchadora, de ideas firmes y que no se acobarda ante nadie ni cree que deba pedir perdón por expresar sus pensamientos. Si hubiese que escoger unas pocas personas para quedarse con la esencia del PP, San Gil sería uno de sus iconos, como representante del puñado de gente valiente y con agallas que día a día se juega la vida por sus ideas y que no huye al Caribe cuando la cosa se pone fea, porque allí, siempre está fea.

Era de agradecer que, a pesar de las puñaladas y traspiés varios de Rajoy, al menos en la ponencia política estuviera presente alguien de la talla de la presidenta del PP vasco, pero los marianistas-de-toda-la-vida se están encargando de cortar todo atisbo de reconciliación con las bases. Han estado jugando con ella durante toda la redacción de la ponencia, con el diputado
Lassalle de por medio, antes liberal, ahora liberal social (¿qué es eso?) y lo que el jefe mande. Este personaje de férreos principios cambiantes hacía y deshacía a su antojo obviando la opinión de la vasca.

Pero ella, por principios y dignidad, dos conceptos que en la isla de las cabezas cortadas no conocen, dice que se niega a firmar semejante deposición intelectual. Más que por lo que dice, que en líneas generales es medio decente, aunque un tostón considerable con alguna falta ortográfica de por medio, el problema está en lo que no dice. No habla del Tinell ni de Perpignan, habla por puro compromiso de la Educación para la Ciudadanía y dice frases como "el PNV no está a favor de ETA pero se muestra obstruccionista en la lucha contra el terrorismo". Qué sutileza.


Por una vez, parece que el partido se ha aventurado a salirse del redil y apoyan a San Gil, salvo excepciones como
Feijóo, una excepción en sí mismo, y Rita Barberá, a la que el encargo de sazonar la paella de junio la debe haber dejado un poco trastornada y, por cierto, con una voz de camionero. En fin, este es el panorama de los chicos de Rajoy, que parecen no darse cuenta (o sí) de que, atacando a la presidenta de los populares vascos, lo que están haciendo es atacar a la esencia misma del PP, porque si hay alguien que represente el conjunto de valores por los que muchos españoles les votamos, esa es María San Gil.

Juan Carlos, ¿por qué no te callas?

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Consejos vendo y para mí no tengo. Lo mismo que le espentó el Borbón al gorila Chávez el pasado año en la Cumbre Iberoamericana, se lo podía haber aplicado cuando El Mundo le preguntó por su opinión sobre Zapatero. "El sabe muy bien hacia qué dirección va", dijo el monarca. Y parece que al suegro de la Leti (porque no nos engañemos, ella es ahora el estandarte de moda de la Casa Real), le gusta esa dirección. Vamos, que le pone el tema de tirar a España por el barranco. Es la primera vez que el Jefe de Estado, sucesor de Franco a título de Rey, alaba en público a un presidente en activo. Con esto confirma lo que ya había puesto de manifiesto otras veces, aunque de forma menos asquerosamente explícita, Juan Carlos. Que, no sólo no es Rey de todos los españoles, sino que además, se jacta de decirlo en público y halagar al socialista.

Para el Borbón, Zapatero es una persona íntegra, recta y honesta. O sea, que negociar hasta la náusea con ETA es íntegro, recto y honesto. Dar vía libre al Estatuto de Cataluña, como pieza clave del cambio régimen en España es también íntegro, recto y honesto. Atacar a los medios de comunicación críticos con el Gobierno, debe ser también de lo más íntegro, recto y honesto, pues el propio monarca lo practica, especialmente con la COPE. Pretender hacer de una España de ciudadanos con sus derechos y libertades individuales, una España donde los derechos y libertades dependen del territorio, es de una integridad, rectitud y honestidad aplastantes, ¿no?

Con deposiciones como las del amigo de las vedettes de la Transición, cada vez me siento más y más republicano, y sobre todo, más antimonárquico y antijuancarlista. Si tengo que tener a un indigente intelectual que chupe de la teta del Estado, por lo menos, quiero tener derecho a elegirlo, no a que me lo imponga un dictador, que es el único que ha legitimado a este impresentable. Quiero decir, a este monarca tan íntegro, recto y honesto. Y el PP, mientras tanto, dice que prefiere guardar silencio. Normal, en los cementerios el silencio es síntoma de respeto.

Fly me to the moon

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Hoy domingo os dejo la fantástica Fly me to the moon, interpretada por Diana Krall, una de las mejores voces del jazz actual. No se puede establecer comparación alguna con la versión cantada por Frank Sinatra, ya que se trata de estilos, a mi entender, totalmente distintos. En fin, os dejo con una canción, cantada con gran elegancia, que nos hará volar hasta la luna. Pero no os quedéis allí, como les pasa a algunos.

Disfrutad del domingo.


300

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A falta de espartanos, buenos son los mediterráneos. O al menos, algo así debieron pensar los dirigentes del PP ayer, al reunir en Orihuela a 300 alcaldes de Murcia, Comunidad Valenciana y Andalucía, con sus respectivos Leónidas regionales (unos más que otros), a la cabeza. Después de tantos palos que le están lloviendo al PP, creo que la creación de esta plataforma de Alcaldes por el Agua es una buena iniciativa. Supone el primer paso hacia la que debería ser la primera gran movilización de la segunda legislatura socialista. A pesar de que Valcárcel y Camps dicen que no van a convocar a nadie a salir a la calle, sino que secundarán cualquier iniciativa, lo que me parece un error, pues ellos son los que han sido llamados para representar esos intereses con uñas y dientes, ya hay quien, como Rita Barberá tiene "ganas de salir a la calle".

El agravio comparativo al que Zapatero somete continuamente a las regiones levantinas frente a Cataluña, roza ya el esperpento y las razones que expone para ello son poco menos que un insulto a la inteligencia y a la higiene mental. Ya es hora de que los murcianos y los valencianos hablemos con claridad, al menos delante de quien nos está pisando una y otra vez. Es hora de ir a Madrid y de convertirnos en un "asunto de interés nacional", como ya es, según Montilla, el problema de abastecimiento en Barcelona y su área metropolitana. Lo que pasa es que no sabemos a qué ámbito se estaba refiriendo él con lo de nacional, aunque tratándose de que el Estado le financiara unas obras, seguro que estaba haciendo referencia a España.

No sé si será eficaz el presentar 300 mociones simultáneas en otros tantos ayuntamientos, pero lo que sin duda tendrá al menos una repercusión mediática y creará un nuevo frente a Zapatero, será la movilización ciudadana, el echarse a la calle para pedir lo que por justicia tenemos derecho a que se nos de. Los murcianos no nos oponemos a que Barcelona, o cualquier otra zona de España reciba agua, porque conocemos bien lo que es la sequía y la falta de recursos hídricos, pero no creo que debamos tolerar semejantes insultos como el de la "interconexión entre cuencas internas de Cataluña". El PP tiene una ocasión de oro para intentar reconciliarse con sus votantes después de todo lo que está pasando. Además, en este tema, sabe que le pasa como a los espartanos, que aunque derroten a sus 300 tiene a un ejército, no de 40.000, sino de muchos más ciudadanos, dispuestos a dar la batalla.

Ya los has echado, ¿y ahora qué?

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Muy bien, enhorabuena, Mariano. Ya te has deshecho de los lastres del aznarismo que, según tú, ¡oh, oráculo de Génova!, impedían al PP alcanzar la mayoría absoluta. Aunque aún queda la peor, y ya única, rémora de ese pasado, que eres tú. Después de que Soraya dijera que Eduardo Zaplana se iba por dinero, le habéis dispensado una salida algo más higiénica a Ángel Acebes, otro de esos aznaristas recalcitrantes a los que se les ocurrió hacer oposición en 2004. Quiero dejar bien claro que la renovación de un partido, el que sea, y en este caso concreto la del PP, es más que necesaria, imprescindible.

El problema que le veo a esto es que, más que una renovación parece un festín de decapitaciones políticas, donde todo aquél que no presente el carnet del club de amigos intelectuales de Lasalle o no sea reconocido centrista hijo de militar franquista, está de más. La palabra renovación implica que aparezcan caras nuevas, un repuesto, un recambio a los denostados residuos del gobierno de Aznar. Pero parece que de eso no hay, o al menos, Rajoy, en su fina estrategia de medición de tiempos, está decidido a no dar sus nombres.

La misma prisa que se ha dado para que los veteranos, que no cascados como el diplodocus gallego, vayan desfilando, se debería dar el presidente del PP en facilitar al partido y a la opinión pública los nombres del equipo que le acompañarán en la candidatura para la que está solicitando ya los avales. ¿O el aval sirve también para que él elija a quien le dé la real gana? Éste lo mismo nos cuenta el equipo después de la victoria búlgara, que total, no sería el peor desprecio a la democracia y a los militantes que habría cometido.

Así que, ¡oh, oráculo de Génova!, acudimos de nuevo a ti, por segunda vez ya, para que nos aclares los nombres de los que han de hacer la oposición o el acompañamiento al gobierno socialista. Sería una total falta de vergüenza y respeto que no dijera quién va a ser su número dos, si va a ser
Gallardón, Fraga o José Estanga (en la foto), el alcalde rockero. Y como ya ha dicho alguien, mejor esta tarde que mañana.

Libertad, personas y territorios

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Independientemente de en qué esté derivando Ciudadanos, creo que las ideas del que fuera uno de sus impulsores, aunque hoy algo distanciado del mismo, Albert Boadella, suelen ser bastante acertadas y asumibles por cualquier liberal y, en general, por cualquier ciudadano que se haya atrevido a pensar y a salirse del rebaño. La última muestra de sentido común la ha dado en la Feria del Libro de Valladolid, a la que acude con Adiós Cataluña. Crónica de amor y de guerra. Boadella ha criticado el estado de las autonomías por haber convertido España en un "conjunto de reinos de taifas no especialmente positivos". Totalmente cierto.

Pero, más allá de esa consideración, que no es más que constatar lo evidente, el intelectual catalán dijo una frase que viene a resumir a la perfección el dilema que España afronta y que la puede arrojar al abismo. El ciudadano, para Boadella, deber ser "alguien que piense por su cuenta y crea que la libertad no la dan los territorios sino las personas". Tres conceptos clave que, entrelazados, dan la clave de la crisis que hoy atravesamos.

En primer lugar, ya no se puede apelar sólo al político. Unos han demostrado con hechos y palabras que anteponen la tribu, el establo o la autonomía de turno, es decir, cualquier ente colectivo, a la persona como depositario de los derechos y deberes más elementales. Los otros, han demostrado que creen en la persona de nueve de la mañana a tres de la tarde y los festivos autorizados, mientras que el resto del tiempo, hacen la vista gorda o participan del despeciece para que no se diga. Debe ser el ciudadano el que tome las riendas, la iniciativa y exija, cuando no protagonice, un cambio en este posturas.

En segundo lugar, es un asunto de libertad individual. Las personas, los españoles, somos libres en tanto que somos individuos, y se nos ha de garantizar el igual ejercicio de nuestras libertades en toda España, sin importar si nos hallamos en Galicia, Cataluña, Murcia o Madrid. El haber nacido bajo el régimen pujolista o el tener a los hijos de Sabino Arana en la Lehendakaritza, no significa que tengamos que estar sometidos a regímenes distintos de libertad. No hay nada más igualitaria que la individualidad, pues nos otorga a todos los mismos derechos, deberes y libertades, por el mero hecho de ser personas. Los ciudadanos tenemos que ser conscientes de ello, aunque, por triste que parezca, haya quienes voluntariamente han entregado esa libertad por un plato de lentejas.

Quizás he tirado demasiado del hilo de las palabras de Boadella, pero los discursos y los mensajes están para hacernos reflexionar y ser capaces de llegar a nuestras propias conclusiones, ¿o no?

200 años de la Revolución Liberal

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Tal día como hoy, hace doscientos años, el pueblo de Madrid hastiado del desprecio y represión franceses, y abandonado a su suerte por dos heroicos borbones, Fernando VII y Carlos IV, decide comenzar la lucha contra la ocupación napoleónica y los afrancesados, de los que hoy la izquierda parece sentirse heredera. El heroico alcalde de Móstoles encendió la mecha de una revolución por España y por la libertad que debía llegar a toda la Nación. Porque eso era lo que estaba en juego, la entidad de España como nación que, de no haber sido por el pueblo, hubiese quedado relegada a provincia francesa.

Los españoles de aquél entonces, no contaban con los medios económicos ni con los medios de comunicación que hoy tenemos (¡cuánto hubieran dado algunos por tener blogs como éstos en aquella época!) para poder difundir sus ideas y todo cuanto estaba ocurriendo. Sin embargo, aquellos españoles que algunos casos apenas tenían ni para subsistir, nos dieron una gran lección de resistencia y firmeza a los desagradecidos que hoy poblamos España. Aquellos hombres y mujeres estaban haciendo mucho más que defenderse de unos franceses déspotas y arrogantes. Estaban dando los primeros pasos de la revolución liberal que culminaría cuatro años después en Cádiz, donde se sentaron las bases de la España liberal.

Aquella muestra de valentía, aquél sufrimiento y aquella sangre derramada, dió sus frutos en 1812, donde se reconocía, por vez primera, que los españoles eran un pueblo soberano, que España no era propiedad de ningún rey, que no era el coto de caza de los borbones ni tampoco la despensa de los franceses. Se reconocían los derechos individuales, que primarían sobre los colectivos y se separaban los Tres Poderes, que antes se concentraban en el monarca y un puñado de cortesanos.


Se trata, por tanto, de una fecha que los españoles no debemos olvidar, de un acto de valentía y heroicidad voluntaria y libre. Pudieron haberse sometido a Francia pero no lo hicieron, lucharon con todas sus fuerzas y sentaron las bases de una España libre. Hoy, tenemos mucho que aprender de todo aquello. Curiosamente, doscientos años después, los madrileños, encabezados hoy por una gran mujer, parecen ser, otra vez más, la punta de lanza de la España liberal que se resiste siempre al invasor. Aunque el invasor ahora, no viene de fuera.

¡Viva la Libertad!
¡Viva Madrid!
¡Viva España!